Hay llantos y lágrimas de alegría, de felicidad, de
emoción, de tristeza, de soledad, de incertidumbre,
de miedo...
Yo tengo una facilidad innata para llorar por
cualquier cosa, ya sea viendo el telediario con las
noticias de economía, con el programa donde un
tío bueno va "regalando" casas a familias, en la
parada del bus, en el portal de mi casa, sentada sobre
el nórdico de lunares rojos y rosas de mi cama,
o en alguno de mis sueños infinitos...
Por eso me sorprendí a mi misma cuando una
tarde que acabó siendo negra, no lloré.
Supongo que ya había derramado demasiadas
lágrimas y sabía que una más, no solucionaría nada.
Tampoco lloré esa noche, cuando decidí emborracharme
para aliviar las penas. Ni al día siguiente,
sufriendo la resaca. No lloré en días, ni en semanas.
Entonces hoy se me ha caído una lágrima, y otra
y otra... y ya no pude parar. Eran lágrimas de
felicidad, por no haber olvidado llorar.
Por no haber olvidado que hay cosas que,
aunque todavía duelen, se superan.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario